Guerra de la Triple Alianza

A la muerte de Don Carlos, apareció con fuerza la figura de su hijo, Francisco Solano López, militar de sólida formación y firmes convicciones patrióticas, que muy pronto se erigió como líder de la heroica resistencia paraguaya ante la Guerra de la Triple Alianza, que se inició en 1864. Designado primeramente como presidente provisorio y confirmado poco después, Francisco Solano cumplió una etapa inicial de continuidad a la línea de gobierno de su padre, hasta que la conflictiva situación política de la región generó los hechos que derivaron en la terrible contienda. La intención de auxiliar al Uruguay, amenazado por una inminente intervención brasileña a su delicado panorama de divisiones internas, y la negativa posterior al paso de las tropas paraguayas por territorio argentino, llevó al inesperado desencuentro de las partes, tres de las cuales se declararon enfrentadas al Paraguay.

López encabezó la defensa paraguaya en la desigual guerra que comprendió tres campañas en el Matto Grosso, así como las de Corrientes y Uruguayana, en las cuales el Paraguay asumió un papel ofensivo. Las campañas posteriores, de Humaitá, Pikysyry y Las Cordilleras, cumplidas en territorio paraguayo, encontraron a las fuerzas locales ya en posición defensiva y en paulatino debilitamiento.

El ejército paraguayo que acompañó a López hasta su caída en Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870, estuvo integrado hasta por mujeres y niños, últimas fuerzas de un pueblo que fue prácticamente exterminado por la triple invasión.

Francisco Solano López, al tiempo de erigirse en el mayor héroe mítico del Paraguay, pasó a ser una de las figuras más cuestionadas de la historia paraguaya, por el modo radical y extremo de defensa de la soberanía nacional que realizó.