Religiosidad popular

La religiosidad popular es un rico campo de expresión cultural del pueblo paraguayo. La imposición de la religión católica que procede de los tiempos de la colonia produjo en el Paraguay el mismo fenómeno cultural generado en otros países americanos: un sincretismo de los elementos originales de la religión traída por los misioneros europeos, con elementos de las creencias indígenas. Este sincretismo preservó un importante espacio para el modo de sentir y la expresión religiosa propia de los habitantes del antiguo territorio extendido en las dos márgenes del río Paraguay.

Así, los propios evangelizadores adoptaron por ejemplo de la rica teogonía guaraní, la figura del dios Tupä, al que encontraron semejante al dios cristiano. La madre de este dios, la venerada Virgen de los católicos, pasó a ser por lo tanto, Tupäsy (madre de Tupä). Otro ejemplo muy llamativo constituye la fiesta de San Juan, celebrada el 23 de junio, que adoptó los rituales de la fiesta anual del fuego o del solsticio del verano europeo, de muy antiguo origen, y que en Paraguay inspiraron todo un rico muestrario de juegos mágicos y celebraciones singulares.

La adopción de la lengua guaraní por los evangelizadores, y su utilización en la enseñanza de la religión, y en la escritura de los catecismos y sermonarios, favoreció asimismo el proceso de identificación de los indígenas y mestizos con la nueva religión, así como la creación de expresiones propias de religiosidad. Así surgieron por ejemplo los cánticos de estacioneros, correspondientes a una de las festividades religiosas más importantes de los paraguayos: la Semana Santa. Estos cánticos lastimeros y conmovedores se entonan en unas largas procesiones cargadas de símbolos particulares, relacionados con la pasión de Cristo.

El calendario paraguayo está poblado de festividades en las que se expresa la religiosidad popular con sus rituales y símbolos particulares. Entre ellas se puede mencionar: el Kurusú Ara (Día de la Cruz), el 3 de mayo; el Día de San Juan, 23 de junio; la Navidad, el 25 de diciembre, el Día de Todos los Santos, 1 de diciembre; el Día de San Baltasar, 6 de enero; el Día del “Patrón” San Blas, 3 de febrero; el Día de la “Patrona”Nuestra Señora de la Asunción, 15 de agosto; el Día de la Virgen de Caacupé, 8 de diciembre. El listado se extiende en las llamadas “Fiestas patronales” que se celebran en cada pueblo del país, en torno a una figura sagrada, protectora del lugar.

Las expresiones de religiosidad popular mantienen una admirable vigencia en el Paraguay, y algunas que habían caído en una cierta declinación, han despertado loables iniciativas de revitalización y revalorización en los últimos años, con el aplauso del público y de los defensores de la cultura popular. Entre éstas se cuentan las procesiones de estacioneros y los pesebres navideños que en Paraguay encontraron formas muy propias, cimentadas en la exuberante creatividad de la artesanía local.