Danzas

La danza paraguaya tuvo una historia paralela a la del teatro, haciendo camino sobre una fuerte herencia española. El baile de la Polca, conocida hoy como ritmo típico del Paraguay, nació en las huellas de la polca europea traída por los colonizadores, y las danzas tradicionales como el Pericón, la Palomita, el Chopï y el Solito, surgieron como variaciones populares de las danzas de salón que la clase aristocrática bailaba.

Hasta muy entrado el siglo XX, la danza cultivada en el Paraguay se circunscribió a estas modalidades populares y a la danza clásica que empezó a enseñarse en algunas academias como las de Tala Ern de Retivoff y Bertha Ortiz Faithman. Entre los primeros elencos importantes que se formaron se cuentan el Ballet Folclórico Municipal y el Ballet Clásico y Moderno Municipal, en la segunda mitad del siglo XX. Entre los nombres que abrieron camino a la danza en el Paraguay están los de Teresa Capurro, Celia Ruiz de Domínguez, Reina Menchaca, Nicole Dijhuis, y los hermanos Miguel y Perla Bonnín.

El lenguaje de la danza contemporánea ingresó al Paraguay en la década del 80, con la llegada de algunos maestros extranjeros y la pasantía de bailarines paraguayos en importantes compañías extranjeras. La figura más destacada de esos años, continuadora de la línea clásica en la mayoría de sus roles de repertorio, fue Eliana Rodas.

Entre los renovadores de la danza paraguaya están Graciela Meza, Marisol Pecci, Carmiña Martínez, Mary Carmen Niela y Wal Mayans. El Ballet Nacional y otros nuevos elencos abrieron camino a esta danza, que hoy asume temas universales o autóctonos con un lenguaje nuevo que no desdeña combinarse a veces con el teatro u otra expresión artística.