Arte popular

El arte popular del Paraguay es una expresión del mestizaje cultural hispano-guaraní y tiene su origen en los antiguos talleres de oficios y artesanías creados en los primeros pueblos de la colonia. Este filón muestra la admirable fusión de elementos y técnicas de las dos herencias culturales que representa.

Las grandes innovaciones que aporta el nuevo arte popular son la utilización del horno para la cerámica y del telar para los tejidos, así como la utilización del cuero y los metales en nuevas formas artesanales.

En el campo de los tejidos, los antiguos motivos geométricos indígenas se trasladan a las nuevas artesanías de lana como la de San Miguel y la de algodón del Guairá. El Typói, antigua prenda típica de las mujeres paraguayas, representa no solo la introducción del telar para la elaboración de la tela denominada Ao Po’i, sino también del bordado, aprendido en los talleres de la colonia. El Ñandutí, fino encaje en forma de tela de araña realizado en lugares como Itauguá y Paraguari, nació como una adaptación local del encaje de Tenerife, Canarias.

Encaje ñandutí

La cestería, realizada especialmente en pueblos como Luque y Limpio, mostró igualmente innovaciones en la utilización de nuevos tintes y diseños, en tanto que trasladó algunas de sus antiguas pautas a nuevos objetos como las pantallas, tejidas al modo mbyá.

La cerámica alcanzó un gran desarrollo en algunos pueblos como Itá y Tobatí, antiguos asientos de indígenas. Y al igual que otras expresiones artesanales, introdujo nuevas técnicas y formas, como los pesebres, cuyos modelos originales fueron traídos por los evangelizadores cristianos, pero lograron diseños singulares en el Paraguay. Los antiguos ña’ë y otras vasijas adoptaron las asas de modelos españoles y las formas de cerámica se diversificaron en una gran variedad de objetos antropomorfos como las figuras eróticas de Itá, y zoomorfos que sugieren las formas de los más diversos animales.

En el terreno de las tallas de madera, los misioneros de la colonia introdujeron la artesanía religiosa, promoviendo el tallado de santos y objetos diversos para el culto. El tallado de santos como San Son, San Judas y San La Muerte se ha difundido mucho, en tanto que las antiguas máscaras indígenas se trasplantaron al culto de los “Kamba Ra’anga” (Figura del Rey Negro), en cada 6 de enero, en Tobatí.

La artesanía de plata, que abarca desde finas joyas hasta objetos religiosos, encontró su lugar de desarrollo en Luque, y adoptó a su vez pautas españolas. En menor escala se cultivó la artesanía en oro y piedras como el coral. Y en el campo de los metales, apareció también la artesanía en hierro, con la creación de admirables enrejados y otras formas, al modo de uso de España.

Finalmente, la artesanía en cuero, iniciada igualmente durante la colonia, se expresa en una gran variedad de objetos que abarcan desde los accesorios para montar, hasta muebles, baúles y valijas que lucen los bellos arabescos del repujado como los que se realizan en Carapeguá y otros lugares.

Una muestra admirable del más exquisito arte popular puede apreciarse en el Museo del Barro, dependiente del Centro de Artes Visuales, en la capital paraguaya. Y quienes desean adquirir objetos de este género, tienen a su disposición un gran número de comercios especializados, en las principales ciudades del país.